Si diciembre está siendo un caos porque “hay que terminar” con los pendientes, hay que ir a todas las juntadas de amigos y del trabajo, se deben hacer balances -y un montón de etcéteras- antes de que “se acabe el año”, esta nota es para vos.
La realidad es que la vida no se termina y a esta vorágine en la que sentimos que vivimos más acelerados que de costumbre, le vamos a poner un freno. Más que proponernos cambios drásticos para el ciclo nuevo que se acerca, la propuesta es mirar nuestra brújula interna, recordar quiénes queremos ser en los días que se vienen y permitirnos que nuestras próximas decisiones (chiquitas o grandes) se acerquen un poquito más a esa dirección.

De esta manera, el fin de año funciona como una pausa natural, no porque la vida empiece de cero el 1 de enero sino porque el movimiento interno y saludable invita a mirarnos. Y es ahí que nos podemos regalar un momento para revisar qué cosas realmente nos importan, hacia dónde queremos ir y qué decisiones nos acercan o nos alejan a eso que queremos.
El ejercicio que nos deja la psicóloga y comunicadora Agustina Carloni para este fin de año es reflexionar sobre nuestra vida con el fin de reconectar con uno mismo con dirección, sentido, flexibilidad y propósito.
¿Cómo lo hago?
Lo principal es buscar un espacio para hacer la pausa donde podamos conectarnos con nosotros mismos, lo podemos ambientar con música, velas y/o aromas para que sea un momento especial, cómodo y agradable para habitarlo.

Cuando se sientan listos, se puede dar inicio a la práctica introspectiva, a este ejercicio con el que visualizaremos hacia qué dirección quiero encarar el nuevo ciclo. La idea es crear un recordatorio o mapa visual de acciones posibles que se quieren cultivar durante el año, no de metas idealizadas ni de resultados concretos.
Puede ser en formato collage (como un vision board), un escrito (journaling), un dibujo o de cualquier otra manera que se adapte a vos y resuene con tu búsqueda.
-
Empezar por valores (no por metas)
Lo importante es comenzar por lo que te importa “ser” y para llegar eso, hay que indagar sobre cuáles son tus valores. La pregunta guía sería ¿qué valores quiero que guíen mis decisiones?
Para llegar a definirlos, puedo pensar en qué características suelen ser importantes para mí en una persona; qué clase de amiga/o, hija/o, pareja, profesional me gustaría ser; qué cosas me hacen sentir orgullo de mí misma/o. Una vez que puedas reconocer tus valores, podemos escribirlos o representarlos en un collage.
Por ejemplo, si un valor para mí es la conexión, puedo buscar fotos de vínculos significativos; si es el aprendizaje, buscar libros, símbolos de curiosidad, espacios de estudio, o si el valor es aventura, encontrar elementos de la naturaleza, actividades nuevas y sensación de movimiento.
-
Incorporar acciones valiosas (no solo imágenes aspiracionales)

Para que el recordatorio visual sea coherente con la flexibilidad que requiere el día a día, podemos incluir a nuestro collage o escrito representaciones de acciones concretas, pequeñas y alcanzables.
Por ejemplo, si el valor es salud, una acción valiosa podría ser poner en movimiento el cuerpo de una forma amable; si el valor es conexión, una acción posible sería decir más veces ‘te quiero’, o si el valor es la creatividad, podríamos recordarnos que podemos crear aunque no sea perfecto.
-
Sumar recordatorios de flexibilidad (no de perfección)
Algo fundamental en estos ejercicios de reflexión es recordar que no todo será lineal; los momentos o situaciones difíciles y desafiantes son parte de la vida. Podemos “no hacerlo perfecto” y aún así, seguir actuando en coherencia con nuestros valores.
Para no olvidar en diciembre ni en ningún mes

Es importante tener metas pero lo es más que estén alineadas con nuestros valores porque una meta sin valor detrás es solo una exigencia. Cuando conectamos las metas con nuestros valores, éstas se vuelven significativas y menos dependiente de la motivación del momento.
Es decir que:
- Si las metas cambian, los valores permanecen como norte.
- Si las metas fallan (porque puede suceder), los valores siguen disponibles para volver a empezar.
- Si las metas necesitan aplazarse (algo totalmente posible), los valores pueden expresarse hoy mismo, en acciones pequeñas.





