El pulso artístico de Mendoza late en ritmos diversos. Mientras algunos artistas recorren el mundo desde sus pantallas, otros transforman tradiciones en objetos contemporáneos. Algunos experimentan sin parar, otros se quedan para enfrentar lo que evitaban. En esta nueva entrega de «Artistas que marcan el pulso», nos encontramos con Noelia Roldán, Valentina Piedrafita Pérez, Martín Linares Díaz y Mariano Peccinetti.
Cuatro creadores que desde lugares muy distintos comparten una misma urgencia: experimentar y transformar(se). Cuatro visiones que confirman que en nuestra provincia hay arte que no se detiene y sobre todo, sigue marcando el pulso de una escena en permanente transformación.
Noelia Roldán: Del oficio tradicional a la sombrerería contemporánea
Noelia es diseñadora gráfica, artista y artesana mendocina que transforma sombreros en piezas de arte con identidad propia, donde la flora local y la narrativa territorial son protagonistas. Después de casi 15 años en el mundo corporativo, diseñando experiencias y liderando equipos, Noelia Roldán tomó una decisión radical: volver a lo que siempre la había llamado, al arte y su amor por este. «Tenía la necesidad de ponerme a hacer algo con las manos», cuenta.

La pandemia le dio el tiempo y el impulso para comenzar a pintar. Lo primero que ilustró fueron las plantas heredadas de una abuela. Y estas ilustraciones botánicas continuaron al intentar interpretar a las mujeres de su vida con diferentes flores: lavandas, calateas, calas. «Fue sumamente orgánico. Siempre he sido de observar mucho los árboles, la naturaleza, en la montaña me quedo mirando las florcitas. Eso fue lo primero que quise ilustrar», explica.
El camino hacia los sombreros fue accidental. Mientras pintaba distintos objetos, se le ocurrió intervenir uno y subirlo a redes. «Me empezaron a pedir, me entró la curiosidad de querer hacerlos y me puse a investigar el oficio», recuerda. Esa curiosidad la llevó a Buenos Aires a estudiar con Laura Noetinger, una reconocida sombrerera argentina, e iniciar un proceso completamente experimental.
Hoy, su práctica combina fuerza y delicadeza. La elaboración de un sombrero implica tanto la parte más pesada del moldeo como la creatividad de pintarlo. Sus obras no solo habitan su atelier, sino también espacios que van desde lo gastronómico, como Casa Vigil y Zuccardi, hasta pasarelas de moda. Este año impulsó el Mendoza Hat Walk, un evento gratuito que llevó a 350 personas a recorrer la ciudad con sombrero en mano.
«Cada pieza narra identidad», sostiene, tomando de ejemplo su Sombrero Glocal, que mezcla flora nativa y foránea como metáfora de Mendoza y el mundo. Pero los sueños van más allá: en el futuro imagina sus sombreros en museos como el Malba. Al mismo tiempo, busca seguir explorando nuevos materiales en sus creaciones y su próximo paso es realizar joyería hecha con materiales sobrantes de su trabajo. Todo esto desde la provincia, ya que, según Noe «Creo que tenemos muchísimo para dar desde acá».
Valentina Piedrafita Pérez: Ilustraciones que abrazan la rareza y lo nostálgico
Valentina es ilustradora y artista que crea un universo visual de personajes y objetos nostálgicos en técnica pixelada, explorando desde el tejido hasta lo digital. Su vínculo con el arte no tiene un punto de inicio identificable. Desde la adolescencia empezó un camino en la música al mismo tiempo que descubrió el tejido. Luego vendría la exploración gráfica, especialmente durante la pandemia.

El estilo pixelado que hoy la caracteriza surgió de manera orgánica. «Lo digital nació a partir de los patrones que dibujaba en grillas para hacer tejidos», explica. Esas grillas tomaron vida propia, inspiradas en las revistas de bordados de los años 80 que coleccionaba su abuela. Sus personajes, muchas veces animalitos con caritas y objetos antropomórficos en tonos cálidos, vienen del imaginario de lo nostálgico. «El estilo es una mixtura de los objetos que me gusta consumir o contemplar», dice.
En 2020 nació Lloro Cosas, el proyecto compartido con Juan Manuel Ceballos. «Nos conmueven cosas muy parecidas», observa sobre la colaboración donde ella realiza las ilustraciones y él se encarga del diseño, color e imprenta. Hoy su trabajo circula en tote bags, stickers, cuadritos y eventos. «Nos gusta probar cómo quedan las ilustraciones en diferentes soportes», sostiene sobre una decisión que fluyó naturalmente. Aunque se siente «más cómoda en soledad», insiste en colaboraciones y participaciones colectivas. «Trabajar con otros me parece un desafío pero es el camino al que aspiro en este momento de tanta individualidad».
Lo que mueve a Valentina y Juan Manuel es simple: «El cariño es lo que nos da más energía para seguir cultivando Lloro». Ese impulso se traduce en colaboraciones que hacen que el arte de Lloro Cosas recorra Argentina en diferentes formatos: intervenciones en la vidriera de Tienda Lechuga en CABA, estética navideña para las redes de Tienda Nimia en Rosario, trabajos con Iván Hernández para su línea de buzos Line Line, y colaboraciones con Morelan en Proyecto UEST. Su obra también habita Pieza en el MMAMM. Además, Valentina quedó seleccionada junto a Clara Ponce para una muestra en el Espacio Luis Quesada en 2026.
Martín Linarez Díaz: la práctica construida desde la intuición
«Nunca fui un niño que vos le abrías la puerta y te lo encontrabas dibujando», es una de las primeras cosas que Martín me cuenta al preguntarle por su vínculo con el arte. Tras terminar el secundario, se mudó de Tunuyán a la ciudad para estudiar Economía en la UNCuyo. «En tercer año tuve un quiebre. Estaba estudiando econometría, estadística, ciencia exacta. Y ahí decidí: tengo que hacer algo distinto».
Sin saber dibujar, entró a un taller de pintura en la Quinta con Miriam Sánchez Pallotti. Lo que buscaba era experimentar materiales y técnicas a su propio ritmo, no seguir un cronograma académico. Entre 2011 y 2013 comenzó a exponer sus cuadros de gran formato y colores vibrantes, los cuales contrastaban radicalmente con la escena local. En esta búsqueda encontró su propia técnica, que utiliza hasta hoy: proyectar sobre el lienzo fotografías editadas para luego pintarlas, buscando mantener lo orgánico del trazo sin perder precisión.
Vivió diez años entre Barcelona, Mallorca y otros lugares, casi en pausa creativa. Durante ese período se sumergió en el mundo audiovisual: en 2019 se mudó a Australia, compró una cámara y se especializó en fashion films y videoclips, fundando Tiger Bite Films.
Ya de nuevo en Mendoza, el giro conceptual llegó con «Arte o Muerte». Una muestra sobre la culpa creativa, la frustración de no producir y la evasión que le permitía vivir nómade. «Fue como decir: o hacés arte o muerte, muerte a nivel creativo», explica. La serie exploró esos sentimientos oscuros con una estética simple, experimentando con materiales, como el látex, y con la intención de «hacer obras que no estén hechas para adquirirse, que no sean tan de galería».
Hoy se dedica 100% a la pintura. Experimenta con óleos de distintas calidades, nylon grueso, multicapas que crean efecto 3D. Su proceso creativo es una conversación constante entre control e intuición. «Empiezo con una idea general, pero mientras la hago va cambiando el concepto. Los errores son los más creativos», sostiene.
En paralelo, está trabajando en un proyecto de electrónica con rock junto al productor Pedro Vanín. Porque para Martín, la creatividad no tiene un solo formato: es pintura, música, pero sobre todo, es experimentación constante.
Mariano Peccinetti: del archivo finito a la generación infinita
Mariano es artista visual y músico mendocino cuyo trabajo ha recorrido el mundo durante más de una década. Desde sus icónicos collages digitales que cautivaron a marcas como Gucci, Netflix y Rolex, hasta exposiciones en Corea del Sur y colaboraciones con galerías internacionales, ahora transita un nuevo territorio: la experimentación con inteligencia artificial, manteniendo su filosofía de curaduría visual.
Hace un año conversamos con Mariano sobre su trayectoria: cómo en 2012 descubrió el collage digital casi por casualidad, viendo el trabajo de Jesse Treece, y cómo entre noviembre de 2012 y enero de 2013 creó 50 obras que definirían su lenguaje. Este año, decidió explorar territorios nuevos de la mano de la IA. Al principio dudaba, veía a otros collagistas usarla y se resistía. Pero al darse cuenta de que los propios bancos de imágenes que comparte con otros colegas tienen un límite, decidió darle una oportunidad.
Con Photoshop y Midjourney, descubrió una herramienta para crear. «Podés darle un montón de imágenes de los 70 y que haga nuevas en base a ellas. Entonces tenés nuevas imágenes que no hayan sido utilizadas», explica. El proceso es muy experimental: mezcla referencias y estilos de diferentes décadas, a veces incorpora poesía, y a partir de las miles de imágenes que genera la IA, realiza una curaduría cuidadosa donde retoca y texturiza lo que sea necesario.
Lo que cambió visualmente es notable: donde antes había infinito cósmico, ahora hay paisajes más contemplativos. Pero en todo momento su esencia de búsqueda visual y conexión con la naturaleza permanece. La música sigue siendo el acompañante en el proceso de creación con playlists de canciones con frecuencias específicas, ambient, neo soul y jazz.
Mariano sigue en Mendoza, eligiendo esta provincia a pesar de que el mundo lo reclama. Su casilla de mail continúa abierta a nuevos desafíos, ahora con herramientas que expanden lo que creía imposible. Actualmente sigue trabajando para grandes marcas tanto con sus collages digitales tradicionales como con IA, según lo que pidan los clientes. Las Luces Primeras, su proyecto musical, quedó en stand-by este año por el volumen de trabajo, pero planea retomar en febrero-marzo con nuevas canciones.















