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La narrativa invisible del color en el cine

El color moldea lo que sentimos frente a la pantalla y se convierte en una herramienta clave para contar historias sin palabras.

¿Por qué una película como “Joker” nos hace sentir tan incómodos y una como “La La Land” nos resulta tan alegre, enérgica y brillante? La respuesta podría estar en la música, en los movimientos de cámara o en las actuaciones. Pero también tiene muchísimo que ver con el color, que está directamente relacionado con nuestra percepción y nuestras emociones.

El color no está solo para que la imagen se vea linda; tiene un propósito narrativo: construye el clima de una escena, deja entrever conflictos internos y orienta la reacción emocional del espectador incluso antes de que pueda poner en palabras lo que está sintiendo. Una escena roja no es simplemente roja sino que transmite tensión, deseo o hasta peligro.

Colores generando emociones

La teoría del color sostiene que cada tonalidad genera una emoción diferente. A su vez, cada película puede establecer sus propias asociaciones y resignificar esos colores dentro de su universo.

El rojo es intensidad pura. Acelera el pulso y reclama atención. En “Star Wars, desde el principio entendemos que hay una guerra entre los azules y los rojos, y siempre nos queda claro quién es bueno y quién es malo. En “Bastardos sin gloria, Shoshana aparece con un vestido rojo que la destaca entre los uniformes grises y negros. No es solo un detalle estético sino una afirmación de poder y de venganza.

Los tonos cálidos, como el naranja y el amarillo, suelen transmitir energía y calor, pero también pueden volverse asfixiantes o incómodos. En “Whiplash, la luz anaranjada, el sudor y la sangre convierten cada ensayo en una experiencia opresiva. En “Mad Max: Fury Road, los naranjas saturados del desierto refuerzan la sensación de urgencia constante. En “Once Upon a Time in Hollywood, el amarillo construye una imagen idealizada y nostálgica de fines de los sesenta, aunque hacia el final ese mismo resplandor empieza a sentirse extraño.

El verde tiene una naturaleza ambigua. Puede asociarse al crecimiento y la renovación, pero también volverse inquietante o artificial. En “The Matrix, dentro de la simulación todo está teñido de verde, inspirado en los viejos monitores de computadora. Ese color sugiere que ese mundo no es real: es frío y manipulado. En “Vértigo, Hitchcock lo utiliza con precisión cuando Madeleine reaparece como Judy envuelta en una luz verde de neón. El color señala obsesión y una percepción distorsionada de la realidad.

El azul puede transmitir calma y contemplación, pero también distancia emocional o frialdad. Funciona bien para hablar de silencio, soledad o melancolía, como en la ganadora del Oscar “Moonlight.

El violeta suele asociarse a lo espiritual. En “Black Panther, aparece en el plano ancestral donde T’Challa se encuentra con sus antepasados. Funciona como puente entre el presente y la herencia.

Y a veces la decisión es trabajar en blanco y negro. La ausencia de color puede reforzar una sensación documental, resaltar la seriedad o evocar otra época. El negro suele asociarse al duelo o a la ambigüedad moral. El blanco puede representar pureza o vacío.

El color, usado de manera consciente, es una de las herramientas más eficaces para provocar una emoción. Pensarlo sólo como fondo es un error. En el cine, puede funcionar como un personaje más: acompaña los cambios emocionales, anticipa conflictos y ayuda a contar la historia sin necesidad de explicaciones. Cuando el color está bien trabajado, no solo se ve: también se siente.

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