En plena Arístides, Café Rumano propone algo distinto dentro del mapa nocturno local: un bar urbano pensado para vivirse de pie, en movimiento, entre música fuerte, luz tenue y una atmósfera bohemia que invita a quedarse. Inspirado en los bares de tapas europeos (esos espacios pequeños donde se pica algo, se toma una copa y la música siempre acompaña), el proyecto apuesta a la descontractura como plan en sí mismo.
La experiencia gira en torno a la barra y a un sector “de parado” que rompe con la lógica tradicional de mesa fija. Acá se puede circular, conversar, cambiar de lugar y dejarse llevar por una propuesta que mezcla snack food, vinos y coctelería en partes iguales. La carta es simple pero con giro: tapas finger food en porciones individuales, pensadas para comer apoyado, charlando o escuchando música, sin necesidad de sentarse.