En Chipirón la cocina de mar toma protagonismo en una provincia donde tradicionalmente reinan las carnes. El restaurante propone una experiencia inspirada en las clásicas cantinas españolas, pero con una mirada actual y relajada, donde los arroces, pescados y mariscos llegan a la mesa con una impronta fresca y muy cuidada. El espacio acompaña esa idea con una estética cálida, cocina a la vista y un ambiente que combina movimiento, vino y sobremesas largas, ideal para quienes buscan salir de lo habitual en la escena gastronómica mendocina.
Detrás del proyecto está Alejandro Vigil, y eso también se siente en la propuesta vínica: la carta de vinos tiene una fuerte presencia de blancos, espumosos y etiquetas pensadas especialmente para acompañar sabores de mar. Todo fluye con naturalidad, desde el servicio hasta la música y el ritmo del salón.
Dato de color: muchos de los pescados y mariscos llegan frescos desde la costa varias veces por semana, algo poco común en Mendoza y que se volvió uno de los grandes diferenciales del lugar.