Si tenés un día en Mendoza, no hace falta irte tan lejos. La ciudad también se disfruta en planes cortos: café en una terraza, bodegas a las que llegás en metro y paseos en bici entre verde. En esta guía armamos tres microescapadas para recorrer sin auto y sin apuro. Ideal para turistas jóvenes y para cualquiera que tenga ganas de mirar Mendoza desde otro lugar.
En metro: bodegas, cafés y clásicos mendocinos

El Metrotranvía es mucho más que un medio de transporte: es casi una excusa para recorrer Mendoza de forma urbana, relajada y sin complicaciones. El plan puede arrancar desde la ciudad y avanzar hacia Maipú. Una buena primera escala es Bodegas López, una de las más tradicionales de la provincia, ideal para entender la historia del vino mendocino a través de visitas guiadas y degustaciones clásicas. Un poco más adelante, Bodega Argentia suma una mirada más local y más accesible. Y ojo, que también hay opciones para recorrer bodegas en bici como Wine and Ride, una experiencia que no te podés perder si andás por esos lados.

Pero la gracia del metro no está solo en las bodegas. Parte del encanto es bajarse, caminar unas cuadras y encontrarse con propuestas bien locales. En la zona de Gutiérrez, por ejemplo, la Cantina IMPSA es una parada casi obligada para un almuerzo abundante y sin vueltas, de esos que te dejan listo para seguir el día sin pensar demasiado. Más cerca del centro, otras estaciones invitan a sumar pausas más cortas: cafés de especialidad para refrescar la tarde, bares tranquilos para una copa o bodegones urbanos que funcionan como plan en sí mismos.
Y como todo buen recorrido, el cierre también importa. Hacia el final del trayecto (o antes de volver) aparecen los clásicos que los mendocinos nunca fallan. Bajarse en las últimas paradas y caminar hasta Barloa es una forma informal y muy local de terminar la jornada: lomito, charla larga y esa sensación linda de haber recorrido la ciudad sin apuro. El regreso en metro ordena el plan solo, sin estrés, confirmando que el vino y la gastronomía también se disfrutan de manera accesible.
Microcentro a pie: terrazas, museos y mesas urbanas

Caminar el microcentro mendocino es una de las formas más simples (y gratificantes) de empezar a disfrutar la ciudad. El plan puede arrancar desde arriba, en Gómez Rooftop, una terraza con vista urbana que funciona tanto para un café tranquilo como para un almuerzo liviano o una copa cuando empieza a caer la tarde. Para quienes prefieren el ritual del café bien hecho, Cabrita y Monono son dos paradas infalibles: especialidad, buen ambiente y ese tipo de lugar al que entrás “solo un rato” y terminás quedándote más de la cuenta.
A pocas cuadras, el Museo Carlos Alonso (Mansión Stoppel) aparece como una pausa cultural ideal para cortar con el calor y sumar una dosis de arte local. Desde ahí, el recorrido se arma casi solo. Caminar hacia Plaza Independencia permite bajar un cambio bajo los árboles y, desde ese punto, decidir cómo sigue el día. Si pinta algo más gastronómico, Azafrán propone una cocina de otro nivel con identidad mendocina y mirada contemporánea. Y si bajás un poco más, Soberana y Centauro se llevan los premios de calle Sarmiento. Aunque obvio, hay opciones de todo tipo: pizza napo en Bigalia, almuerzos descontracturados en Flor del Desierto, etc.
La Peatonal Sarmiento funciona como hilo conductor del paseo: cafés, heladerías, bares y galerías que invitan a entrar y salir sin plan fijo. Y si todavía queda energía, el Espacio Contemporáneo de Arte es una buena excusa para sumar otra parada cultural antes de cerrar el recorrido. Este microplan confirma que el centro mendocino también se disfruta en clave slow: mesas al sol, terrazas con vista, museos frescos y la libertad de dejarse llevar. Vos elegís el tiempo, los lugares y el disfrute.
En bici: parque, verde y paradas foodie

El Parque General San Martín es de esos lugares que se disfrutan mucho más sobre dos ruedas. Pedalear entre árboles, lagos y caminos amplios marca el pulso de una microescapada donde el verde manda y el ritmo baja solo. La bici te da esa libertad de ir frenando cuando algo te llama la atención, sin apuro y sin plan rígido.
El recorrido admite varios desvíos tentadores. Una parada en Hábitat o en Patio suma energía antes de encarar la subida al Cerro de la Gloria, con vistas abiertas y una de las postales más lindas de la ciudad. Pero el plan no termina ahí. Seguir pedaleando hacia la Fuente de los Continentes abre otro mini circuito ideal para comer algo al paso o sentarse un rato: foodtrucks, opciones rápidas y mesas al aire libre que funcionan perfecto para un almuerzo informal, una merienda tardía o simplemente una pausa larga bajo los árboles.
Si el tiempo acompaña, siempre se puede estirar un poco más. Dar la vuelta al lago, pasear por el rosedal o dejar la bici un rato y caminar por los alrededores del parque. Acá no hay reglas estrictas ni horarios que cumplir, esta es la idea: dejar que el día fluya entre pedales, sombra, algo rico para comer y esas pausas largas que tanto nos gustan.









