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REC: Juane Grilli

Filmó a Messi y a Rosalía. También edita y dirige. Tiene una sonrisa tímida y una distinguida dosis de humildad, casi como si no dimensionara la maestría con que realiza su oficio. Con ustedes, Juane Grilli.

La primera cámara que tuvo entre las manos era de su familia. Una digital, de esas que volvían de las vacaciones llenas de arena. Para ese entonces, Juan Ernesto Grilli, más conocido como Juane Grilli, tenía 14 años. Hijo de un carnicero y una ama de casa, se acercó a la cámara por mera curiosidad: tomaba fotos, grababa videos y probaba qué pasaba si aparecía varias veces en una misma imagen. Después editaba esos experimentos en Photoshop y los subía a Facebook. 

Al igual que mucha gente talentosa, Juane estudió una carrera que poco tendría que ver con su pasión. Así fue como, un día, mientras iba de camino a la UTN desde Corralitos para cursar Ingeniería en Sistemas, un audio de WhatsApp lo acompañó durante todo el viaje. Le causaba tanta gracia que pensó: «Esto tiene que quedar inmortalizado en internet». Hizo un video sencillo, con fondo negro y subtítulos que transcribían el audio. Lo publicó y la gente empezó a mandarle más grabaciones para que hiciera lo mismo. Cuando juntó varios en una sola pieza, nacieron las famosas Ensaladas de audios. 

Hizo más de cien. El número de sus seguidores en Instagram comenzó a crecer y la placa de YouTube llegó. Pero, mientras esa faceta crecía en internet, Juane ya estaba aprendiendo otro oficio. 

Al terminar la escuela había comenzado a trabajar con Hugo Astie en eventos, quinceañeras y casamientos. Le interesaban la fotografía y el video, aunque todavía no tenía equipo propio ni experiencia profesional. Durante los cinco o seis años que duró esta ocupación, aprendió a filmar y editar, hasta que logró conseguir un trabajo en edición, pudo comprar su propia cámara y trabajar de manera autónoma.

Nunca hizo cursos. Reconoce lo que aprendió en aquel primer trabajo, pero gran parte del camino lo construyó por su cuenta. Cuando le preguntan cómo empezar, su respuesta es simple: «Agarrar una cámara y empezar. Aprendés haciéndolo».

Hoy, finalizando el 2026, puede decir que hizo fotos, filmó, editó, produjo y resolvió proyectos completos por su cuenta. De todas maneras, hay un rol que elige por encima de los demás: dirigir.

Gauchito, Sofi Silva y un popurrí artístico

El cambio llegó con Papito Barloa, un videoclip para la canción homónima de Gauchito Club. La banda ya trabajaba con él y le propuso ponerse al frente de la dirección. Era 2023 y, según recuerda, estaba «perdidísimo». Llamó a Sofi Silva, actriz y productora mendocina, con quien había compartido proyectos más chicos. Juntos empezaron a armar el equipo.

Esa primera experiencia le mostró cómo podía desempeñarse desde otro lugar. «Ves el panorama completo», dice. Si una banda le cuenta qué quiere transmitir, Juane siente que necesita estar pendiente de toda su historia, y no únicamente de lo que entra en el lente. Dirigir y filmar a la vez es posible –lo ha hecho–, pero prefiere que cada persona pueda concentrarse en su tarea. 

Hoy, Juane trabaja junto a Sofi en Universo Silvia, una productora de espectáculos y audiovisual. En sus trabajos hay elementos distintivos: color, nitidez, detalles y movimiento. También, una pizca de humor y una atención a las personas que imprime en las imágenes la sensación de cercanía. De una obra a otra se puede reconocer cierta energía, aunque Juane evita pensarla como una fórmula propia: «No quiero que todos los trabajos terminen pareciéndose», aclara. Le gusta el color –en especial el amarillo y el naranja–, pero cada marca y cada videoclip comportan un universo que pide decisiones diferentes.

Su proceso empieza mucho antes del rodaje. Con Sofi conversan las ideas hasta encontrar qué puede hacer que una persona quiera quedarse mirando. Ellos buscan una narrativa, mostrar y al mismo tiempo contar algo. Sofi pisa fuerte en el guión; Juane disfruta llevar esas ideas a un terreno posible, decidir cómo resolver los planos, los diálogos y el sonido.

Antes de filmar prepara una lista de tomas indispensables. Después cede a la improvisación y la disposición del espacio, el vestuario y demás. Como muchas veces también edita, observa lo que sucede imaginando desde ese momento cómo lo va a montar.

«Entonces lo que más te gusta es editar», dije yo. Y Juane asintió rotundamente. Dice tener un diferencial en ese aspecto, ya que lo hace con rapidez y profesionalismo. «Quizá por eso la edición sigue siendo la parte que más me cuesta delegar», suma él. Puede terminar un video, entusiasmarse con el resultado y descubrir al día siguiente que cambiaría varias cosas. Dejarlo descansar, volver a mirarlo y ajustar los detalles es parte de su método. Aunque sabe que, en algún momento, hay que soltar.

Entre la libertad creativa y el sostén económico

Los videoclips están entre los proyectos que más disfruta porque le permiten jugar. Los trabajos comerciales, en cambio, muchas veces traen límites más precisos. Juane no esconde esa tensión: algunos proyectos sostienen económicamente a otros que suponen menos presupuesto y más libertad creativa.

También intenta aconsejar a los clientes cuando una idea no va a funcionar. A veces logra convencerlos de buscar otro camino; otras, cumple con lo que le piden. Lo que más le interesa es encontrar una vuelta incluso en los encargos menos evidentes. Dice que podría llegarle una propuesta de una funeraria y que si hay un camino creativo, le divertiría explorarlo.

Inevitablemente, terminé preguntándole cómo se lleva con la inteligencia artificial. «La usé para resolver un efecto de pelo en un comercial que no habían podido lograr durante el rodaje y quedé sorprendido con el resultado», dice. Como herramienta para solucionar problemas, le encuentra valor, pero le incomoda pensarla como punto de partida para generar una producción entera.

Hace poco, junto al equipo, movilizaron a unas diez personas para conseguir una sola foto de Gauchito Club. Alguien comentó que podrían haberla hecho con inteligencia artificial. Juane sabe que era posible, pero encuentra algo valioso en todo lo que ocurrió para producirla, «el arte de lo artesanal».

El próximo plano

Hay episodios de su vida que todavía le resultan difíciles de creer. En un evento en Miami filmó a Messi, ubicado a pocos metros de él. En otro trabajo llegó hasta Costa Rica para grabar un documental. Y después de ver a Rosalía en vivo durante la gira Motomami, se propuso estar detrás de una cámara si volvía a tener la oportunidad: insistió hasta conseguirlo y terminó cubriendo dos fechas. Ella compartió uno de sus videos en sus historias.

Viaja por trabajo, aunque siempre quiere volver a Mendoza. Acá construyó un equipo con Sofi y acá imagina, por ahora, el crecimiento de Universo Silvia. El chico que miraba los Grammy y los Oscar aunque en su casa le pidieran cambiar de canal siente que encontró una forma de acercarse a ese mundo. No sabe exactamente adónde lo llevará. Sí sabe que quiere hacer algo más grande: «Me gustaría hacer una película», cierra.

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