¿Te imaginás trabajando para LEGO? Para millones de personas que crecieron armando castillos, naves espaciales o ciudades enteras sobre el piso del living, suena como uno de esos trabajos que parecen existir solo en la imaginación: un mundo de fantasías al que solo podemos acceder desde nuestra cabeza. Como Alicia asomada al borde de la madriguera, sin saber que está a punto de entrar al País de las Maravillas.
¿Pero si te dijera que alguien que creció en Mendoza atravesó esa puerta? ¿Que, mientras leés estas líneas, un egresado de la UNCuyo está diseñando algunas de las piezas que formarán parte de la infancia –y la colección– de millones de personas?
Ese es Matías Carbone, un diseñador industrial nacido en Buenos Aires y criado en Mendoza que hoy trabaja en Dinamarca como Element Designer para la compañía de juguetes más grande del mundo. Pero antes de llegar al universo de los ladrillitos, vale la pena volver al principio y descubrir cómo empezó todo.

El efecto mariposa detrás de una charla
Hay conversaciones que cambian una vida, aunque parezcan insignificantes en el momento. La de Matías ocurrió en séptimo grado, cuando le preguntó a su tío: «¿Qué tengo que hacer para hacer autos?». Su respuesta fue Diseño Industrial.
«No sabía ni qué significaba, pero supe que quería estudiar eso», recuerda. Con el tiempo, esa fascinación por los autos dio paso a un interés más amplio por el diseño de productos, que comenzó a desarrollar durante sus años en la Universidad Nacional de Cuyo.
Su camino hacia Europa comenzó a tomar forma en el último año de su carrera, cuando realizó un semestre de intercambio en Aalborg, Dinamarca. Volvió a Argentina para terminar su tesis y atravesó, como muchos, un período de búsqueda laboral en un mercado que, según su mirada, todavía lucha por comprender el valor íntegro del diseño industrial. Fue la curiosidad lo que lo llevó a postular y ganar un concurso de dibujo en línea, que luego derivó en una pasantía en Japón. «Eso me abrió muchísimo la cabeza», comenta, y destaca la fascinación que siente por ese país.
Después de esta experiencia, decidió volver a Dinamarca para cursar en Kolding un máster en Design for Play, centrado en el aprendizaje a través del juego. Con el máster terminado, Matías sabía cuál era su próximo desafío: trabajar en LEGO. Lo intentó una vez. Y otra. Y otra más. Durante casi cuatro años ajustó su portfolio, envió postulaciones y recibió negativas que podrían haberlo convencido de abandonar el objetivo. Pero eso no ocurrió. En 2022, después de una larga sucesión de intentos, finalmente recibió la respuesta que tanto había esperado: había sido seleccionado como Element Designer.

La vida dentro de LEGO
En su rol de Element Designer, Matías se encarga de diseñar las piezas individuales de LEGO. No crea los sets completos (esa es tarea del Model Designer), sino los detalles que los hacen posibles: desde un bloque hasta el accesorio o el cabello de una minifigura.
Sus proyectos recientes permiten dimensionar el alcance de ese trabajo. Estuvo detrás de casi todos los elementos nuevos del primer set de The Legend of Zelda y participó en la línea de Animal Crossing, donde diseñó piezas de rostros en colaboración con Nintendo. También creó un capuchón ninja para una minifigura de Ninjago, la nariz y el bigote de Mario para Mario Kart y el cabello de Holly en Stranger Things.

Para mí es una locura estar trabajando con LEGO y al mismo tiempo tener meetings con la gente de Nintendo: es la gente que creó los juegos, y hablo con ellos como si nada. Desde mi lado nunca se sintió tanto como un trabajo; se siente más como un hobby por el que me están pagando”
Si bien diseña desde la pura pasión, la realidad corporativa es mucho más compleja: LEGO produce alrededor de 400 elementos nuevos por año y reúne a cientos de personas trabajando en distintas áreas de especialización. «Somos muchísimos diseñadores y uno de los principales desafíos cuando uno está haciendo algo es alinear, tener una cohesión visual y funcional a lo largo de todo lo que hacemos», explica.
En ese contexto, diseñar una pieza nunca es un ejercicio completamente individual. Cada nuevo elemento debe integrarse a un sistema construido durante décadas, respetar los lineamientos de LEGO y dialogar con el trabajo de otros equipos. Cuando intervienen partners externos, el desafío se complejiza: el resultado también debe responder a las expectativas del cliente y ser fiel al universo que representa.

Manual de supervivencia para diseñadores industriales
Después de estudiar, viajar y atravesar años de pruebas antes de llegar a LEGO, Matías mira hacia atrás y reflexiona sobre sus años universitarios, hoy vistos desde otra perspectiva. Valora la formación que recibió en Mendoza y reconoce que esa base conceptual lo distinguió de muchos colegas. Pero también aprendió que la universidad es apenas el comienzo: el resto se construye con práctica, curiosidad y experiencia.
A quienes sueñan con seguir un camino similar les recomienda aprender idiomas, dominar herramientas digitales y no dejar de dibujar a mano. También investigar a fondo cada empresa antes de postularse y construir una red de contactos. Pero, por encima de cualquier software o técnica, insiste en una capacidad esencial: comunicar una idea.
Una idea poco clara y difícil de visualizar no puede comunicarse. Y si no la podés comunicar, nunca va a salir de tu cabeza.

Una vida bajo la filosofía de la iteración
Fuera del trabajo, Matías sigue explorando por su cuenta: crea personajes de fantasía en 3D, imagina historias a través de figuras, dibuja en papel y prueba nuevos softwares de modelado por mera curiosidad. «Siempre ando con ideas en la cabeza», confiesa.
A sus 34 años, Matías está donde nunca imaginó: en la península de Jutlandia diseñando para la empresa de juguetes más famosa del mundo. Cruzó una puerta escondida como Alicia, encontrando del otro lado un lugar maravilloso hecho de ladrillos de plástico y minifiguras de nuestros personajes favoritos. Así, su trayectoria da cuenta de que, en el diseño global, la pasión y las ideas deben ir acompañadas del dominio de herramientas, del tejido de una red de contactos, de la adaptación constante y, sobre todo, de la perseverancia a intentar una y otra vez hasta que las piezas encajen.







