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Ama de llaves: los secretos de Norton

Mónica Ferrari es el ama de llaves de la centenaria casa de la Bodega Norton construida por Carlos Thays, donde se alojó, entre otros invitados, Manu Ginóbili.

El ama de llaves, un término que se nos hace familiar gracias a las películas, es el equivalente femenino del mayordomo, un cargo de servicio que a la vez es un puesto estratégico en la organización de un hogar: el ama de llaves sabe todo lo que pasa dentro de la casa y tiene contacto directo con los dueños, conoce sus preferencias y secretos, los custodia y se asegura de que todo esté perfecto para el disfrute de los huéspedes.
Y si hay una casa hermosa para cuidar es la Casa Norton, un espacio construido en el 1800 por Carlos Thays, el mismo arquitecto y paisajista parisino que diseñó y construyó el Parque General San Martín; y que casualmente era amigo de Edmund James Palmer Norton, fundador de la bodega. Quien hoy tiene a cargo esta tarea es Mónica Ferrari, una lujanina de 47 años que se encarga de que el sol llegue a todos los ambientes porque dice que «donde entra el sol no entra la tristeza».


Mónica enviudó hace 3 años y hace 2 y medio consiguió este trabajo en Casa Norton. Cuenta que la oportunidad le llegó en un momento muy duro de su vida, y que la ayudó a «seguir viviendo». Entre sus tareas está la limpieza de los diferentes ambientes de la casa, que tiene 3 habitaciones, comedor, sala de reuniones, sala de juegos, cocina, desayunador y una lavandería por donde pasa toda la mantelería del restaurante de la bodega, La Vid.
Además Mónica es la encargada de acondicionar los cuartos para le llegada de algún huésped de lujo. Si hay uno que recuerda especialmente es Manu Ginóbili, quien habitó unos días la Casa Norton junto a algunos amigos, como invitados especiales.
«En la habitación principal se queda la madre del Señor Miguel» dice Mónica en referencia a la madre de Michael Halstrick, presidente de Norton. Se trata de Eva Langes-Swarovski, esposa de Gernot Langes-Swarovski, el empresario austríaco cabeza del «imperio de cristal», que en 1989 adquirió la Bodega Norton.

El baño de la casa, por otra parte, es de los espacios más exclusivos: «a este baño lo usa él y solo él» dice Mónica en referencia a Michael Halstrick, quien raramente pasa la noche en Casa Norton. «El señor Miguel (así lo llaman casi todos en Norton) es súper amable, cordial, muy recto e inspira mucho respeto» según las palabras de su ama de llaves.
En el día a día Mónica se pasea por el caserón llevando adelante sus tareas y asegura que el trabajo le gusta muchísimo y le permite organizar sus tiempos como quiera. Cuando hay eventos especiales se convierte también en la mano derecha de la chef de Norton, Patricia Suárez Roggerone.
«Ella me ha ayudado un montón, ha sido muy importante para mi», dice Mónica, quien además comenzó a tomar clases de alta cocina en un instituto. Cuando vienen invitados prepara «cosas caseritas, para que todo sea como en una casa, como alfajores y pasta frolas».
Con ganas de seguir capacitándose y mejorar en su tarea, reconoce que tiene pendiente estudiar inglés, y lo tiene en su lista de objetivos.
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