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La Pichona: 75 años de tradición y sabor en Mendoza

En la avenida San Martín se alza un ícono de la panadería mendocina. Un negocio familiar con décadas en el rubro que se distingue por sus productos auténticos. 

En Mendoza, la panadería y confitería La Pichona ha tejido una historia de amor, esfuerzo y deliciosas creaciones que conquistaron el paladar de generaciones. Detrás de este emblema se encuentra Georgina Medaura, conocida cariñosamente como ‘Pichona’, una mujer cuya vida ha estado entrelazada con el aroma irresistible del pan y la dulzura de los postres árabes desde su más tierna infancia.

«Mi vida afectiva, familiar y comercial comienza desde que yo tengo uso de razón, porque soy hija de libaneses y los libaneses siempre se han dedicado al comercio», comparte Pichona con una sonrisa nostálgica. Criada tras el mostrador desde los primeros años de su vida, su infancia transcurrió entre números y cobros en el almacén y carnicería de sus padres. 

En 1948, la familia Medaura se embarcó en una nueva aventura al tomar las riendas de una antigua panadería centenaria ubicada en Las Heras. «Sabemos que es así porque siempre ha tenido un horno de leña donde la hornalla tiene grabada en la puerta la fecha 1890».

Pichona recuerda con cariño los desafíos de aquellos primeros días. La resiliencia y el amor por su oficio guiaron a la familia a través de las décadas, enfrentando incluso la contienda del terremoto de 1985 que dejó la propiedad deteriorada.

Con ingenio y determinación, Pichona y su familia se asociaron con la Municipalidad para revitalizar la zona, regalando una parte de la calle a cambio de apoyo en la demolición y reconstrucción. «Fue un éxito, ayudamos al barrio a salir a la calle San Martín, y nosotros nos beneficiamos por ser esquina», relata con orgullo.

El local comenzó a ganar popularidad gracias a sus clásicas empanadas criollas y la mejor publicidad que un negocio puede tener: el boca a boca. «Hacíamos muchísimas cantidades todos los fines de semana y para los casamientos y las fiestas todo el mundo nos encargaba a nosotros porque en ese entonces nadie hacía empanadas criollas», recuerda.

El éxito fue tal que, entre las remodelaciones que lograron hacer, construyeron un horno a leña que tenía siete metros por siete a la redonda. Y así, entre nuevas adquisiciones y reformas, el local fue evolucionando.

Pichona recuerda con emoción la anécdota de un congreso en Mendoza que les llevó a cocinar veinte mil empanadas en una semana, marcando un hito crucial en la historia del negocio. La creatividad y la adaptabilidad se convirtieron en la clave para modernizar las instalaciones, introducir nuevas delicias y atraer a una clientela variada.

Su legado no se limita a las empanadas, sino que se extiende a las clásicas palmeritas (las mejores de Mendoza, dicen por ahí), un emblema del local. Tan famosas y deliciosas son que llegaron a las manos del Papa Francisco. 

«Yo tengo mucha relación con el arzobispo de Mendoza. Este año fue a Roma a una reunión y le pedí que le llevara unas palmeritas al Papa. Preparé una cajita chiquita con una carta y cuando él encontró el momento justo se las entregó. Parece que le encantaron», relata Pichona.

Otro de sus productos más destacados son los exquisitos postres árabes, una tradición heredada de su madre. Baklawe, dedos de novia, ma’amul y makrum son algunos de los dulces libaneses típicos que allí se pueden encontrar. Con autenticidad y calidad, La Pichona se ha convertido en un destino para aquellos que buscan sabores genuinos y únicos en la región. 

«Este año cumplimos setenta y cinco años aquí. Realmente pienso que es providencial», reflexiona Pichona. Su fe y esperanza han sido pilares fundamentales en su vida, y su deseo de ayudar a los demás se refleja no solo en la calidad de sus productos, sino también en la conexión que ha cultivado con clientes de distintas generaciones.

«La relación que he creado con la gente que viene es muy importante. Para ellos y para mí, especialmente».

A sus noventa años  y una familia que continúa la tradición, Georgina Medaura sigue siendo el alma de La Pichona. Aunque su presencia en la cocina ha disminuido (pero no desaparecido) con los años, su pasión por el negocio y su amor por la gente son evidentes en cada rincón. «Si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo» concluye con una sonrisa llena de gratitud y satisfacción.

La Pichona -panadería y confitería San Martín-, no es solo una panadería; es un rincón donde la historia, la tradición y el buen gusto se combinan para crear un legado que perdura en el tiempo. Podés visitarla todos los días de 08:00 a 13:00 y 17:00 a 20:00 en Av. San Martín 179, Las Heras.

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