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Registro #010: Cecilia López Bravo – Transformación

Nos adentramos en el taller de una artista que oscila entre la técnica y la intuición y que, con sus piezas de vidrio moldeado, desafía los límites de la joyería contemporánea.

Nuestro ciclo Registro nació como excusa para adentrarnos en el taller del artista y conocerlo en profundidad. Nos interesa explorar tanto su dimensión artística como sus particularidades personales: lo que lo inspira y obsesiona, sus rituales y herramientas, y las ideas que vuelven una y otra vez.

En esta décima entrega, abrimos las puertas del taller de Cecilia López Bravo, quien nació en Miami, se crió en Buenos Aires y vivió casi quince años en Nueva York. Se dedica a la joyería contemporánea en vidrio desde 2006 y su obra ha circulado por Estados Unidos, Europa, Australia y Sudamérica: del MAD Museum de Nueva York a la Venice Glass Week, de la Milan Jewelry Week a galerías en Madrid, Atenas, Roma, Londres y Wrocław. Y aunque cada tanto vuelva a la Gran Manzana, hoy su taller se encuentra en Las Vegas, Potrerillos. 

«Me enamoré de este lugar: de sus colores, de la montaña, de los silencios, de los paisajes», confiesa Cecilia. En la actualidad, junto a Javier López Rotella, llevan adelante el complejo de cabañas Casa Faro, donde también se encuentran sus talleres, una sala de exposición, un espacio cultural para eventos y residencias artísticas.

El ecosistema del taller

Al ingresar al espacio interior de Casa Faro, te recibe una luz solar que, a medida que avanzan las horas, va modificando los colores del ambiente. Unos pasos más adelante, llegamos al taller de quien nos convoca. «Está ordenado ahora porque recién voy a empezar a trabajar, pero en una semana esto es un caos. Igual, yo en mi caos me entiendo», explica entre risas.

Su jornada artística suele comenzar una vez finaliza el servicio de desayunos para los huéspedes de las cabañas. Provista siempre de una botella de agua para combatir el calor del soplete, se sienta en una banqueta y empieza a trabajar el vidrio, en compañía del ruidoso generador de oxígeno.

En su mesa de trabajo conviven obras a medio terminar y fragmentos descartados. Sin embargo, en el universo de Cecilia, el error no existe, solo es el estado previo a una nueva forma del material. «Estas piezas, si un día no me gustan más, las puedo deshacer y hacer algo nuevo. Eso me encanta del vidrio: poder transformarlo todo el tiempo», dice. Ese concepto es el que da nombre a este Registro. 

[quote destacada] La transformación es todo. Es lo que uno va atravesando, no solamente a nivel espiritual, sino también en el cuerpo, en los lugares, reflexiona. Así, el vidrio se convierte en el material que mejor expresa su manera de entender el mundo: bajo el calor del soplete, pasa de lo líquido a lo sólido, de lo amorfo a la forma. Su obra se niega a permanecer inmóvil. Incluso cuando ya son portadas, sus piezas se transforman cada vez que dialogan con la luz y el movimiento. Al escucharla, confirmo que su arte es un mapa de su propia historia, marcada por el cambio y la evolución.

¿Qué vino primero: el boceto o el fuego?

López Bravo llegó al vidrio después de pasar por la pintura y la fotografía. Arrancó con vitrofusión y en 2008 aprendió a trabajar el vidrio con soplete, encontrando en esta técnica una nueva fascinación.

 El soplete te da la posibilidad de crear en el momento. Puedo trabajar desde una idea, o bien permitir que el material me guíe hacia lo que quiero decir” 

Aunque posee cuadernos repletos de bocetos, el proceso de ideación rara vez se limita al papel, ya que Cecilia sabe que la materia tiene la última palabra. Es una negociación constante entre lo que ella imagina y lo que el vidrio, con sus tiempos y sus comportamientos, le devuelve. 

Pero lo que más le atrae a la creadora de trabajar con vidrio es su naturaleza ambigua y sus contradicciones. «Me fascina desde todo punto de vista: por lo que transmite, por esa dualidad entre lo frágil y lo sólido. Es un material que puede estar miles de años y también se puede reutilizar», explica.

Esculturitas para portar

La vida de Cecilia ha estado atravesada por los viajes constantes, por lo que su decisión de hacer joyería no fue algo casual. Su vida nómade la condujo a buscar una forma de crear piezas que pudiera empacar fácilmente y llevar consigo. Al mismo tiempo, sostiene:

Me pareció que la joyería podía tener un significado artístico más escultórico. Es un adorno, pero no deja de ser también una esculturita. Yo lo pienso así.”

Estas ideas las materializa en sus distintas series, que se corresponden con temáticas que atraviesan a la artista. Su icónica serie sobre los océanos, cargada de color y formas orgánicas, nació de una preocupación por el estado de los corales y los mares. Durante la pandemia, recluida en Potrerillos, diseñó Rings for the Living Room (Anillos para el living), piezas pensadas para ser exhibidas en la intimidad del hogar ante la imposibilidad de salir al mundo. 

Sin embargo, hoy su atención está puesta en una línea más urbana y desprovista de color. «La idea de toda la serie es que puedas desarmar tu pieza y volver a armarla de la forma que quieras… Otra vez aparece la transformación». 

El rastro de la artista

Al preguntarle qué parte de sí misma queda impregnada en las piezas que terminan habitando los cuerpos de desconocidos, la artista hace una pausa antes de contestar.

Dejo amor, porque es lo que le pongo a las cosas que hago. Quizás también un poco de mis dudas. Porque alguien ve una obrita y pregunta: “¿Qué es esto?”. Y yo le cuento cómo la hice, qué estaba pensando. Entonces transmito un poco de todo el movimiento que he tenido en mi vida.”

A través de su trabajo en el taller, del fuego, de la fusión del vidrio y la cristalización de sus preguntas, las piezas de Cecilia López Bravo funcionan como un recordatorio de que todos somos seres en tránsito, frágiles y resistentes a la vez, entregados al ineludible (pero a la vez bellísimo) acto de la transformación.

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